Valle de Fergana

El viaje desde Tashkent es a priori sencillo con una carretera más o menos decente en lo que a Uzbekistán se refiere. El único problema es un paso de montaña de más de 2000m y qué suerte la nuestra que lo pillamos nevando de lo lindo. Esta vez no voy solo sino que me acompaña Marguba que aprovecha para hacer una visita rápida a su familia que vive en una casa de campo a media hora de la ciudad de Fergana, a la que por supuesto estoy invitado, que esto es Uzbekistán!!

Poco que decir sobre el valle de Fergana, ya que el interés turístico es casi nulo, de ahí que no me haya encontrado ni el primer turista. Entre eso y la recomendación de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores de no visitar el valle por tratarse de una zona peligrosa. Deberían darse una vuelta por aquí y comprobarlo de primera mano. Cuando hablo de valle, no os imaginéis un pequeño pueblo rodeado de montañas, ya que tiene casi 300km de largo por 70 de ancho y en él vive prácticamente la mitad de la población de Uzbekistán.

Aquí visitamos la ciudad de Kokand y el palacio del khan de dicho Kanato, la ciudad de Fergana, creada por los rusos hace poco más de 100 años, y Marguilán, en donde lo más interesante es visitar alguna fábrica de seda y conocer el proceso de elaboración de la seda. Increíble el trabajo de las mujeres que se pueden tirar más de un año para hacer una alfombra de seda de manera completamente manual. Verdaderas artistas!
Interesante también pasear entre la cantidad de mercados y bazares que podemos encontrar en cada ciudad.

Lo mejor de todo, el poder disfrutar de una agradable cena con la maravillosa familia de Marguba. No hay palabras para describir la hospitalidad de esta gente, nunca me cansaré de decirlo. Nuevamente, me hacen sentir como en mi propia casa y me voy de allí cargado de regalos e invitado a regresar cuando quiera.

Inexplicable es cómo un pueblo tan humilde y hospitalario puede tener un gobierno que, entre otras cosas, les deja sin gas o electricidad a diario por venderle dichos recursos a países vecinos como Tayikistán o Kirguistán a precios muy superiores. Aquí, la mayoría de los coches están preparados para utilizar gas como combustible y es lo más normal del mundo tener que esperar casi una hora de cola para repostar, siempre y cuando haya suministro ese día. Evidentemente, la gente es muy reacia a hablar sobre el gobierno, pero no es nada sorprendente encontrarse a gente que extrañe los tiempos de la URSS antes de la independencia y la llegada al poder de Islom Karimov.

Lo siento por las fotos pero en estos últimos días casi no he sacado ninguna :/

Samarkanda

Lejos de parecerse a Bukhara, Samarkanda es una clara muestra de la grandeza del imperio timúrida creado por Amir Timur, Tamerlán para nosotros.
Lo más impresionante de la ciudad es el Registán, con sus tres enormes madrasas enfrentadas. Sorprendente también la magnitud de la mezquita Bibi-Khanym, construida por la esposa china de Tamerlán con el fin de darles una sorpresa mientras su marido estaba fuera. Y tanto que se la llevó, ya que el arquitecto que la estaba construyendo se enamoró de su mujer y solo accedía a terminar la obra si ésta le daba un beso. Os podéis imaginar cómo termina la historia, con el arquitecto condenado a muerte tras la llegada de jefazo. Así se las gastaban de aquellas. Hay muchas historias curiosas que si a alguien le interesan solo tiene que googlear un poco.
No nos podemos olvidar del sagrado Shah-i-Zinda, un maravilloso complejo de mausoleos y un importante lugar de peregrinación en el que, entre otros, se encuentra la tumba de un primo de Mahoma, quien dicen que trajo el Islam a Asia Central.
Añadir también Afrosiab, la antigua ciudad de Marakanda (vieja Samarkanda) situada al noroeste de la ciudad, un importante enclave arqueológico incluyendo un fresco del siglo VII y varios objetos del siglo V a.C.

Aparte de los lugares históricos, no hay mucho más que hacer aquí. Una ciudad rusificada más, con avenidas enormes y poco acogedora para mi gusto. Por aquí pasó desde Alejandro Magno hasta Genghis Khan y fue la capital de Uzbekistán hasta que pasó el legado a Tashkent. Aún así, sigue siendo la 2ª ciudad más grande del país.

Dos días son suficientes para ver lo más gordo, incluso uno si se organiza bien. Tenía pensado ir hasta Urgut, un pequeño pueblo de montaña a un paso de Tayikistán, y a Shakhrisabz, lugar de nacimiento de Tamerlán, pero entre el frío y la nieve, finalmente lo descarlo para volver a Tashkent y empezar a pensar en el valle de Fergana, una zona de poco interés turístico, pero que es el corazón y motor de Uzbekistán.

Bukhara

En todo viaje siempre hay una ciudad en la que no te importaría quedarte a vivir. Kyoto en Japón, Xian en China y en mi caso, Bukhara en Uzbekistán. Quizá sea por haberla conocido fuera de temporada, sin apenas turistas, por lo que es de lo más relajante pasear por las calles de la ciudad antigua, como no, entre madrasas y mezquitas, ya que esta ciudad fue en el pasado lugar de nacimiento de muchas figuras importantes del Islam. Incluso hoy en día es uno de los lugares de peregrinación más importantes después de La Meca.

Bukhara, junto con Samarkanda, es la ciudad en donde más tayikos residen en Uzbekistán, aunque hoy en día es difícil diferenciarlos de los uzbecos después de cientos de años de mestizaje. Por supuesto, aquí todo el mundo habla uzbeco (de origen turco), tayiko (de origen persa) y ruso. ¡Casi nada!

Dentro de la ciudad vieja, el mismo cantar que en Khiva. Calles sin asfaltar, barro por doquier y casas medio derruidas. Aún así, tiene algo que te atrapa. Quizá sean sus habitantes, que siempre están dispuestos a compartir unas palabras contigo, su comida, vodka o lo que surja jaja. Hay algo que me fascina de esta gente, y es la facilidad que tienen para entablar conversación con cualquiera, ya sea un extranjero o un simple desconocido. También su educación y respeto hacia todos. Saludarse dándose la mano y con la otra en el pecho mientras pronuncias las palabras mágicas “assalomu alaykum”, es una de las formas más bellas de saludarse que he visto jamás.

En Bukhara paso tres días antes de continuar mi viaje hacia Samarkanda. Echaré de menos esta ciudad, la casa de comidas de detrás del bazar de joyas, los comerciantes del bazar de alfombras que siempre me venían a saludar con un efusivo “Alejandro, my friend!!” jaja, o los niños que me acompañaron a ver el cementerio con un libro de frases en inglés-uzbeco-ruso. Nunca nadie antes me había preguntado si formo parte de alguna organización política en mi país jajaja.

Khiva

Khiva es la ciudad de las 1001 noches. Una de las joyas de Uzbekistán, situada en la región de Khorezm, más allá del desierto de Kizil-Kum.
El tiempo parece haberse detenido en esta pequeña ciudad al sur de Urgench. Lo mejor de todo es perderse por sus calles entre laberintos de casas de adobe, mezquitas e innumerables madrasas. Así como subir a lo alto de alguno de los minaretes para poder disfrutar de una panorámica de toda la ciudad al caer el sol. Fuera del Ichan Kala, pegado a la ciudad amurallada, encontramos un mercado tradicional que nos evoca a tiempos pasados.
Una ciudad mágica que incita a quedarse durante semanas, si no fuera por el frío extremo que se apodera de ella cada invierno.
Quitando todo esto, el resto de la zona deja mucho que desear. Carreteras que dan la impresión de estar inacabadas o simplemente destrozadas, acumulación de basura en cualquier esquina de la ciudad, plazas de la época soviética hoy en día abandonadas por completo… Y desgraciadamente todo esto no tiene ninguna pinta de mejorar en los próximos años. Estamos en un lugar remoto de Uzbekistán que parece no importar a nadie.

Después de pasar un par de días aquí, siempre acompañado de la amabilidad uzbeka, incluso de haber sido invitado a comer bebiendo el asqueroso vodka que tienen por estas latitudes, es hora de partir en un largo viaje hacia Bukhara, no sin antes compartir el jamón y los chorizos que me he traído de casa, con unos madrileños a los que les devuelvo la vida con tal manjar después de haberse pasado 20 días de monótonos platos de plov, samsa, cordero y poco más.

El camino a Bukhara a través del desierto de Kizil-Kum es desolador. 8 horas para recorrer los 450km que separa ambas ciudades. Zonas de carretera a medio asfaltar combinada con caminos de tierra destrozados por los continuos coches que circulan a diario. El paisaje, desierto de tierra y piedras cubierto de una fina capa de nieve caída en los días anteriores, no deja ni ganas de sacar una sola foto. Por supuesto, la única ley vigente aquí es la de la supervivencia, y así lo demuestra los numerosos accidentes que nos encontramos en el camino, incluso camiones volcados. Mal día para viajar en la que es de lejos, la peor carretera que he visto jamás. Gracias que a pesar de todo, el viaje se ameniza con la compañía de Sasha, Musafar, Leylo y Rashid (no sé si se escriben así), tres chicos y una chica de la región, que a pesar de no tener ni idea de inglés, nos echamos unas risas durante el largo viaje.

Próxima parada: Bukhara!!

Tashkent

Después de 20 y pico horas de bus, aviones y demás, llego a la capital Uzbeka a las 4:00 y directamente me voy a dormir un rato en una guest house perdida en la ciudad vieja de Tashkent.

Después de haber leído opiniones de mucha gente sobre esta ciudad, la verdad es que no me espero mucho de ella, pero igualmente decido quedarme dos días para encontrarme con dos coleguillas de aquí: Marguba y Maftuna.

El primer día visitamos en inmenso bazar Chorsu y sus inmediaciones. Me encanta esa mezcla de olores al entrar en la parte del mercado de especias.

Mira que he escuchado mil vez maravillas sobre la hospitalidad uzbeka pero hasta que no lo vives en primera persona, no te puedes hacer una idea. Todo el mundo es amable y están dispuestos a hablar contigo en todo momento y ayudarte si es necesario, siempre con una sonrisa en la boca. Aquí el invitarte a cenar a casa de una persona que acabas de conocer está a la oren del día. Y así fue. La primera noche me fui a cenar con la familia que vive con Marguba en Tashkent, ya que ella es de Fergana. Son una pareja encantadora con 2 niños y una niña de 2 años la mar de simpática a la que le gustan mucho los invitados 🙂 Es una casa muy simple y sin lujos, con un patio interior muy agradable. A pesar de su evidente dificultad para llegar a fin de mes, me sacan todo lo que tienen haciéndome sentir como un rey y por fin puedo probar el famoso Plov, la paella uzbeka.

El día siguiente lo dedico a hacer algo de turismo en Tashkent, siempre acompañado de mis guías personales.
Esta noche, es turno de cenar con la familia de Maftuna, una familia de clase media que vive a las afueras de la ciudad. De nuevo, la mesa llena de todo tipo de dulces, frutas y frutos secos que se pueda imaginar. Es asombroso cómo cuidan los detalles a la perfección como podéis ver en la foto. Fue una velada muy agradable en compañía de sus padres (no hablan inglés), su hermana pequeña que habla un inglés perfecto y su hermano de 10 años que es del Barça jaja. Muy majos todos, incluido su vecina que es fan de la cultura turca xD. Finalmente me voy de su casa cargado de regalos para mi familia. Increíble.

Solamente por haber conocido a toda esta gente tan maravillosa, hace que el viaje ya haya merecido la pena y solo llevo 2 días aquí!!

Al día siguiente toca madrugar para volar a Urgench y de ahí a Khiva, la ciudad de las mil y una noches. Aquí hace un frío del carajo y justo hoy cayeron las primeras nevadas en Uzbekistán. Allí a donde voy el frío me persigue. Pronóstico para mañana: mínimas de -8ºC con 70% de humedad y sensación térmica de -16ºC. Genial xD

Por cierto, no os perdáis el detalle del cambio de dolar a moneda local en el mercado negro, o sea, cualquier persona que veas parada en una placita con una bolsa en la mano xD. La foto es de 200$ o lo que es lo mismo, unos 500.000 soms uzbekos. Como podéis comprobar, aquí no gastan mucho en billeteras.

Visado para Uzbekistán

Conseguir el visado para Uzbekistán no supone mayor problema que enviar a la embajada Uzbeka en España lo siguiente:

– Formulario de solicitud de visado que nos podemos descargar en la web de la embajada de Uzbekistán en España
– Una foto carnet
– El pasaporte original
– El justificante de pago, cuyos precios y formas de pago aparecen en la hoja anexa al formulario de solicitud

Se puede enviar con cualquier empresa de mensajería, así como a través de Correos, lo cual abarata considerablemente el precio final del visado. Yo lo he mandado todo por correo certificado, aunque el envío de vuelta ha sido por correo ordinario, sin certificar. Quizá no sea muy recomendable dejar el pasaporte a merced de Correos, pero esta vez no ha habido ningún problema. El precio total ha sido 80€ del visado de hasta 30 días, más los gastos de correos (unos 3€).