De paseo por Yazd

Pasear por la ciudad antigua de Yazd te traslada a tiempos remotos. Pese a no tener el encanto de Bukhara, perderse entre sus laberintos de calles rodeadas de casas de adobe es una gozada. Los 30º que todavía hay por aquí hacen que uno se sienta realmente en una ciudad en medio del desierto.

Para combatir este calor, en los tejados de las casas se pueden contemplar los “badgirs” (que no badgirls, que también las habrá), un sistema de ventilación natural capaz de utilizar el viento para enfriar las casas con ayuda de los “qanat” o canales de agua.

Tras pensarlo un poco (tampoco mucho) decido terminar mi viaje en Yazd y me olvido de Kashan y sobre todo de Shiraz, ciudad de obligada visita, así como Persépolis, pero me resulta imposible por falta de tiempo. Y es que aquí he encontrado un hotel tradicional con 340 años de historia, que antiguamente era la casa de un paisano en donde vivía con su harén y donde todas sus habitaciones dan al patio central que podéis ver en la foto. Sentarse a leer durante horas en un diván al caer la noche, siempre en compañía de un té, no tiene precio. Por no hablar de su tejado, al cual soy invitado a asistir a una “fiesta” de despedida de un grupo de turistas de Teherán. Dos de ellas, una madre con su hija la mar de simpáticas que me enseñan algunas técnicas de yoga y meditación a la luz de la luna llena. La mejor forma posible de finalizar un viaje.

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