Esfahán

Otras diez horas en bus nocturno para cruzar medio país y llegar a Esfahán, la capital turística de Irán.

Pensaba que en Irán no había mucho turismo, pero estaba equivocado, estaba todo en Esfahán. Y no es para menos ya que ésta es una de las joyas de Irán debido a su importante arquitectura islámica. De obligatoria visita son la mezquita Jameh, el Bazar-e Bozorg y por supuesto la inmensa plaza de Naqsh-e Jahan, la segunda plaza más grande del mundo tan solo por detrás de la de Tiananmen en Pekín. Es una auténtica maravilla sobre todo disfrutar del atardecer en la plaza, en la cual no solo se pueden encontrar turistas sino que los propios iraníes aprovechan sus cuidados jardines para relejarse, leer o simplemente pasear al finalizar el día.

El resto de la ciudad, pues como cualquier ciudad de 1,5 millones de habitantes, no muy diferente de cualquier ciudad occidental. Aún así se respira tranquilidad y es una ciudad agradable para estar, quizá por su buen clima o por la calma y serenidad de sus habitantes. No dejo de sorprenderme de la educación y saber estar de los iraníes, así como su interés hacia la cultura en todas sus vertientes, especialmente la poesía. Tanto es así que en toda ciudad existe una calle dedicada a poetas como Ferdowsi o Hafez.

Dos días aquí se me hacen suficientes para ver lo gordo de la ciudad. La próxima parada será Yazd, y tengo la impresión de que voy a disfrutar paseando por las calles de su ciudad antigua tanto como lo había hecho en su día en Bukhara, Uzbekistán.

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