Khiva

Khiva es la ciudad de las 1001 noches. Una de las joyas de Uzbekistán, situada en la región de Khorezm, más allá del desierto de Kizil-Kum.
El tiempo parece haberse detenido en esta pequeña ciudad al sur de Urgench. Lo mejor de todo es perderse por sus calles entre laberintos de casas de adobe, mezquitas e innumerables madrasas. Así como subir a lo alto de alguno de los minaretes para poder disfrutar de una panorámica de toda la ciudad al caer el sol. Fuera del Ichan Kala, pegado a la ciudad amurallada, encontramos un mercado tradicional que nos evoca a tiempos pasados.
Una ciudad mágica que incita a quedarse durante semanas, si no fuera por el frío extremo que se apodera de ella cada invierno.
Quitando todo esto, el resto de la zona deja mucho que desear. Carreteras que dan la impresión de estar inacabadas o simplemente destrozadas, acumulación de basura en cualquier esquina de la ciudad, plazas de la época soviética hoy en día abandonadas por completo… Y desgraciadamente todo esto no tiene ninguna pinta de mejorar en los próximos años. Estamos en un lugar remoto de Uzbekistán que parece no importar a nadie.

Después de pasar un par de días aquí, siempre acompañado de la amabilidad uzbeka, incluso de haber sido invitado a comer bebiendo el asqueroso vodka que tienen por estas latitudes, es hora de partir en un largo viaje hacia Bukhara, no sin antes compartir el jamón y los chorizos que me he traído de casa, con unos madrileños a los que les devuelvo la vida con tal manjar después de haberse pasado 20 días de monótonos platos de plov, samsa, cordero y poco más.

El camino a Bukhara a través del desierto de Kizil-Kum es desolador. 8 horas para recorrer los 450km que separa ambas ciudades. Zonas de carretera a medio asfaltar combinada con caminos de tierra destrozados por los continuos coches que circulan a diario. El paisaje, desierto de tierra y piedras cubierto de una fina capa de nieve caída en los días anteriores, no deja ni ganas de sacar una sola foto. Por supuesto, la única ley vigente aquí es la de la supervivencia, y así lo demuestra los numerosos accidentes que nos encontramos en el camino, incluso camiones volcados. Mal día para viajar en la que es de lejos, la peor carretera que he visto jamás. Gracias que a pesar de todo, el viaje se ameniza con la compañía de Sasha, Musafar, Leylo y Rashid (no sé si se escriben así), tres chicos y una chica de la región, que a pesar de no tener ni idea de inglés, nos echamos unas risas durante el largo viaje.

Próxima parada: Bukhara!!

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